Trasteros en comunidades: cuando guardar cosas se convierte en un riesgo para todo el edificio
Una bicicleta que ya no se utiliza. Las sillas de la terraza. Varias cajas de ropa, herramientas y botes de pintura de la última reforma. El trastero permite liberar espacio en casa, pero también puede convertirse en un lugar donde se acumulan objetos durante años sin revisar su estado ni los riesgos que generan.
Con la llegada del otoño, muchos propietarios reorganizan sus viviendas y guardan los enseres del verano. Es un buen momento para prestar atención a una parte del edificio que suele pasar desapercibida hasta que aparece una filtración, un incendio o una queja porque alguien ha dejado muebles en el pasillo.
Para el administrador de fincas, la cuestión va más allá del orden: se trata de prevenir daños, mantener seguros los espacios comunes y aclarar qué responsabilidad corresponde a cada propietario.
Un trastero privado no permite ocupar el pasillo común
Lo primero es distinguir entre el interior de cada trastero y los espacios que dan acceso a ellos. Conviene comprobar en el título constitutivo y la documentación del inmueble si los trasteros son elementos privativos, anejos de las viviendas o espacios comunitarios con un uso asignado.
En cualquier caso, disponer de un trastero no autoriza a extender su almacenamiento al pasillo.
Dejar una estantería, un colchón o varias cajas frente a la puerta puede dificultar la circulación, obstaculizar una salida y complicar la intervención de los servicios de emergencia. También puede impedir el acceso a instalaciones comunes o provocar tropiezos.
El administrador debería identificar estas situaciones, comunicar al responsable la necesidad de retirar los objetos y dejar constancia de las gestiones. Si el problema se repite, conviene trasladarlo al presidente y plantear unas reglas claras para toda la comunidad.
El problema no es solo cuánto se guarda, sino qué se guarda
Un trastero lleno no es necesariamente un trastero peligroso. El riesgo depende de los materiales almacenados, su disposición y las condiciones del recinto.
La acumulación de cartón, textiles, muebles y plásticos puede aumentar la cantidad de material que alimentaría un incendio. Si además hay productos inflamables, instalaciones eléctricas deterioradas o aparatos conectados, el problema puede agravarse.
Merecen especial atención:
- Combustibles, disolventes y otros productos inflamables.
- Envases abiertos, deteriorados o sin identificar.
- Baterías dañadas y aparatos eléctricos en mal estado.
- Regletas sobrecargadas y alargadores utilizados como instalación permanente.
- Objetos que bloqueen rejillas de ventilación, cuadros eléctricos o equipos de protección contra incendios.
No todos los productos domésticos presentan el mismo riesgo ni existe una prohibición universal de guardar cualquier bote de pintura. Lo adecuado es atender a las instrucciones del fabricante, las cantidades almacenadas y la normativa aplicable.
Cuando haya dudas sobre una situación concreta, una valoración técnica ofrece más seguridad que una discusión entre vecinos.
Patinetes y bicicletas eléctricas: atención a la recarga
Guardar un patinete eléctrico y cargar su batería son situaciones distintas.
La recarga en un recinto cerrado, rodeado de cajas y sin supervisión merece especial precaución. Los servicios de emergencia recomiendan utilizar cargadores adecuados, evitar baterías deterioradas y cargar estos dispositivos en lugares ventilados y alejados de materiales combustibles. Un olor extraño, una batería hinchada o un calentamiento anormal son señales de alerta. Así lo recoge la campaña Baterías seguras de la Comunidad de Madrid.
El administrador puede recordar estas recomendaciones y solicitar una revisión si detecta conexiones improvisadas o usos que puedan comprometer la seguridad.
También debe aclararse de dónde procede la electricidad. La existencia de un enchufe comunitario no implica que esté autorizado para cargar dispositivos particulares.
Qué debe revisar la comunidad
La prevención no puede limitarse a pedir a los propietarios que ordenen sus pertenencias. La comunidad debe atender las instalaciones y los elementos comunes de la zona de trasteros.
Una revisión debería comprobar:
- Que los pasillos y las salidas estén despejados.
- Que la iluminación funcione y permita detectar desniveles u obstáculos.
- Que las puertas cierren correctamente y no se mantengan abiertas mediante cuñas cuando deban permanecer cerradas.
- Que las rejillas y los sistemas de ventilación estén libres de obstrucciones.
- Que las instalaciones eléctricas no presenten daños o modificaciones improvisadas.
- Que los equipos de protección contra incendios existentes estén accesibles y reciban el mantenimiento correspondiente.
- Que no haya filtraciones, humedades o fugas pendientes de reparar.
Las exigencias técnicas dependen de las características del edificio, su antigüedad y las actuaciones realizadas. Por eso, no conviene prescribir las mismas obras o equipos para todas las comunidades sin una evaluación previa.
El administrador puede coordinar la visita de los profesionales necesarios y organizar las incidencias según su urgencia.
Cómo actuar ante un uso peligroso
La comunidad puede aprobar normas de régimen interior para ordenar el uso de sus espacios comunes, dentro de los límites legales y estatutarios. Además, la Ley de Propiedad Horizontal impide desarrollar actividades dañosas para la finca o contrarias a las disposiciones sobre actividades peligrosas. Estas previsiones aparecen en los artículos 6 y 7 de la Ley de Propiedad Horizontal.
Estas reglas no permiten al administrador acceder libremente a un trastero privado, inspeccionar su contenido o retirar pertenencias por iniciativa propia.
Ante una incidencia, conviene documentar los hechos observables, informar al presidente y requerir al responsable para que corrija la situación. Si persiste una actividad que pueda justificar una acción de cesación, habrá que seguir el procedimiento legal correspondiente y contar con asesoramiento jurídico.
Si existe un peligro inmediato —humo, fuego o un fuerte olor que haga sospechar una fuga—, la prioridad es avisar al 112, alejarse de la zona y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia.
¿Qué cubre el seguro si hay un incendio, una inundación o un robo?
Una de las dudas más frecuentes es si el seguro de la comunidad cubre todo lo que hay en los trasteros.
No debe darse por hecho. Es necesario diferenciar los daños al edificio de los daños a los bienes particulares.
La póliza comunitaria puede cubrir determinados daños en paredes, puertas e instalaciones, según el alcance contratado. Las bicicletas, herramientas, muebles y demás pertenencias de los propietarios pueden depender de su seguro de hogar y de que este incluya el trastero y su contenido.
En caso de robo, también pueden existir límites específicos y condiciones relacionadas con el cierre del recinto o la forma en que se produjo la sustracción.
Por otro lado, si el origen del daño está en un trastero particular, habrá que investigar la causa antes de atribuir responsabilidad a su propietario. Que el incendio comenzara allí no resuelve, por sí solo, quién debe responder ni qué póliza debe intervenir.
El administrador debería revisar con la correduría:
- Si los trasteros están correctamente contemplados en la descripción del riesgo.
- Qué elementos y bienes cubre la póliza comunitaria.
- Qué límites y exclusiones se aplican.
- Cómo se atenderían posibles reclamaciones de responsabilidad civil.
- Qué información deben comprobar los propietarios en sus seguros particulares.
Un protocolo sencillo para evitar problemas
La comunidad puede aprovechar una circular de otoño para recordar tres pautas: mantener despejados los espacios comunes, almacenar los productos conforme a sus instrucciones y comunicar cualquier anomalía.
A partir de ahí, el administrador puede preparar un registro de incidencias, coordinar las revisiones necesarias y proponer en junta las medidas que requieran acuerdo.
Conviene explicar también cómo avisar de una fuga o un fallo eléctrico, quién gestiona las reparaciones y qué hacer ante una emergencia. Los propietarios que apenas visitan su trastero deberían revisarlo periódicamente: una pequeña humedad puede pasar meses inadvertida y afectar tanto a sus pertenencias como al edificio.
Un trastero bien utilizado aporta comodidad. Para que siga cumpliendo esa función, necesita unas condiciones seguras, mantenimiento y reglas conocidas por todos. Detectar a tiempo una conexión deteriorada, una salida bloqueada o una fuga puede evitar que lo almacenado por un vecino termine causando daños a toda la comunidad.

